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Escribir una saga en México


No muchos lo saben pero mi hermano Javier y yo, de niños, montábamos casas de espantos tipo feria para el regocijo de chicos y grandes. Vivíamos en una casa de tres pisos y, desde que llegamos a vivir ahí, mis padres dieron el piso inferior por perdido, designándolo como territorio apache (o de supremacía infantil), así que los enanos Malpica hicimos lo que quisimos ahí. Una de esas cosas, montar, en compañía de otros cómplices, tours nocturnos con escenas macabras, vampiros de hule y monstruos enmascarados al acecho. Cobrábamos la entrada, sí, pero casi siempre terminábamos fiando a la chamaquiza porque lo mejor de todo era ver cómo alguien que entraba envalentonado, salía corriendo despavorido. (Así tuviera seis años de edad).

Y se sembró la semilla. A Javier y a mí siempre nos gustó estar de ese lado de la cuarta pared...

(La historia completa aquí.)



...hay que galofrar
 
 
Toño Malpica