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El anillo del príncipe
Bjarne Reuter
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La noche del 5 de enero es especial. El aire se carga de esperanza pero también, a veces, de tristeza.

Principalmente son los niños los que se van a la cama llenos de esperanza. Y principalmente son algunos adultos los que se quedan despiertos toda la noche, lidiando con la tristeza.

Por ejemplo, en este relato, hay que poner la mirada en Bernardo. Tiene 35 años y en este momento, se siente como un pedazo de trapo. Se encuentra fumando afuera de su casa, en una colonia de gente pobre. Hace frío y ni el humo del cigarro lo calienta. Su hija Valentina ya se ha dormido. O al menos eso es lo que él cree.

Mientras fuma con la espalda recargada en la puerta...

(La historia completa aquí.)



...hay que galofrar
 
 
Toño Malpica