Porque la vida debería ser

como es el jazz...

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Casa desolada
Charles Dickens
Ajá... ¿Y?
Felices, Juntos


Un cuento para combatir el aislamiento.

Constanza y Vidal tenían 19 meses de verse en el mismo café.
Se conocieron ahí una tarde en la que, a falta de lugares, compartieron mesa.
Desde entonces comenzaron a sentarse juntos, ella a tomar café cargado y él, té de bolsita.
No podían ser más distintos. A ella le chiflaban las películas de acción, a él las de época. A ella las novelas de terror, a él las de época. A ella la música contemporánea, a él la de otras épocas. Ella vivía con su madre, quien seguía regañándola por no ordenar su cuarto; él vivía solo y era un maniático de la pulcritud. Ella vivía en una planta baja, con amplia vista a la calle; él, vivía en un piso 11 con vista al cubo central. Ella trabajaba en oficina, él en casa.
Y nunca se habían tocado.

(La historia completa aquí.)



...hay que galofrar
 
 
Toño Malpica