Porque la vida debería ser

como es el jazz...

TEATRO


Me enamoré del teatro hace muchos años porque descubrí que es lo más parecido que existe a vivir dentro de un sueño. La mejor forma de hacer realidad tus fantasías sin necesidad de usar sustancias ilegales o tener que comprarte un parque temático es el teatro. Reúnes unos cuantos actores, los convences de que se vistan de tal manera, repitan ciertos diálogos y bailen de cierta forma y ¡voilá!, tu sueño en 3D sin necesidad de anteojos especiales.

Todo comenzó cuando...
Todos adentro y Sólo por Diversión
No creas lo que ves
Jóvenes aún
Séptimo Round
Librándola
María Frankenstein
Canon
Blanco y Negro
Amanteurs
Ensayo de un coma
Mujer on the border
Vote por el León y Física y Tamales
Papá está en la Atlántida
Crisis - Modelo para armar
Un día que llueva


Todo comenzó cuando...


Javier, Roberto Cravioto y yo formábamos parte de un grupo religioso de esos a los que primero entras para ver a quién te ligas y luego te quedas porque, al descubrir que eres incapaz de ligarte a nadie, te parece mejor que estar viendo la tele en tu casa.

Entre las actividades de dicho grupo, estaba la de montar obras de teatro para llevar a asilos (aunque sospecho que era simplemente un motivo para no acabar matándonos entre nosotros). Lo usual: Casona, Carballido, etc. Uno de esos años surgió la necesidad de montar una obra de nuestra autoría para un concurso. Casi me atrevería a afirmar que de manera accidental nos tocó a Javier y a mí el paquete de escribirla. A la mera hora no llegamos al concurso (o éste nunca se realizó, la verdad no me acuerdo), pero la obra sí se montó. (Se llamaba "De Dios al mundo", tenía como 40 personajes, como 20 cambios de escenografía y duraba casi 4 horas, o sea, casi todo lo que no debes hacer en Teatro si eres aunque sea un poquito práctico). Con todo, el día del estreno, pese a que tuvo lugar en la casa de uno de los del grupo y el público estaba lleno de paleros (padres, tíos, hermanos) Javier y yo tuvimos nuestra epifanía como escritores de teatro. La sensación fue tan buena que no la quisimos dejar ir. Con el tiempo abandonamos el grupo religioso y formamos mejor uno de teatro junto con Roberto. A la fecha nos ha sido imposible dejarlo. El teatro, digo.


Todos adentro y Sólo por Diversión


El grupo se llamaba Ávalon (sí, como la tierra mítica del rey Arturo) y fue con el que comenzamos nuestros pininos teatrales. La primera obra con que nos fogueamos realmente fue "Todos adentro", una comedia musical en la que los enredos ocurrían dentro de una bóveda de banco (si tal cosa es posible). Luego, nos seguimos con "Sólo por diversion", otra comedia (ésta sin música) en la que medio pirandelleamos con cuatro actores y un tramoyista. Pese a que el grupo era de Satélite, las presentaciones fueron casi todas en Coyoacán, cuando el Foro Cultural todavía no se llamaba "Hugo Argüelles" y el Ana María Hernández ni a telón llegaba. Lo más que puedo decir de ambas experiencias es que seguíamos un impulso más fuerte que nosotros por hacer teatro. Hoy en día, leo los libretos de ambas obras y no sé si reir o llorar de vergüenza. Pero el impulso sigue. Oh, sí.


No creas lo que ves


Por alguna razón se nos encomendó formar el grupo de teatro de la Asociación de Colonos de Ciudad Satélite. Y así lo hicimos. Con la salvedad de que ninguno de los que lo conformábamos era en realidad colono (había de Lomas Verdes, Fuentes de Satélite, Viveros y demás, pero ningún sateluco químicamente puro) el grupo aguantó varios años funcionando en el Centro Cívico. Ahí fue donde montamos "No creas lo que ves", originalmente llamada "Pabellón X", una comedia musical en dos actos de la que Cachirulo (q.e.p.d.) dijo: "el tiempo en el teatro es trágico", (todavía me pregunto qué habrá querido decir, a lo mejor porque no duraba la hora y media que la mayoría de las obras ligeras sí duran). Tenía todo lo que una comedia musical clásica exigía, incluso un mensaje en defensa de la locura que todavía me hace cuestionarme de qué lado de la sensatez estoy parado.
En cierto modo fue nuestra primera producción en serio. Compramos pares 64, amplificadores y bocinas, yo grabé mis primeras pistas en un Korg M1, armamos nuestra propia escenografía, vestuario y utilería... y sostuvimos nuestra primera temporada. Que en ciudad satélite es mucho, mucho decir.


Jóvenes aún


Todavía en el Centro Cívico, pero ya con un pie afuera (sospecho que los colonos ya se habían dado cuenta de que el grupo de teatro de los colonos, de colonos no tenía más que el nombre), montamos esta obra también musical.
Nos identificamos como In-Crescendo y dejamos el terruño para ir a conquistar el mundo. O la colonia Roma (por algo se empieza). Fue en el Foro de la Comedia (el que está en la calle de Tlacotalpan) el que nos acogió cuando todavía lo regenteaban Lupita Sandoval y Fred Roldán. Un horario horrible en días horribles (martes y miércoles a las 8:30 horas, si mal no recuerdo). La obra era larguísima y terminaban las funciones casi a las once de la noche. Y luego échatela hasta Satélite. Hay que ser joven (aún) para poder lograr esas hazañas. Con todo, el entusiasmo estaba en lo más alto y duramos bastante. Aunque ahí fue donde aprendimos que el optimismo no lo es todo en la vida y que el público no se da en maceta. La promoción es y siempre ha sido el coco de todos los que hacemos teatro independiente.


Séptimo Round


Con la música a otra parte. Esta fue nuestra primera obra que no empezaba con una obertura. Y la primera también en la que nos atrevimos a incursionar en el teatro adulto (es decir... no apto para toda la familia). Escribimos un guión para cuatro personajes y dos escenografías (años luz de aquella primera obra de garage). Dos hermanos (un boxeador machista, un pintor homosexual;), una amiga en común y el entrenador del pugilista nos llenaban el programa.
La obra, que denunciaba la intolerancia, fue recibida por el Teatro Sergio Magaña, el bastión de lucha cultural de Luis Chavira, en una inverosímil temporada de Jueves a Domingo. Y digo inverosímil porque, a más de diez años de distancia, todavía no me creo que hayamos develado placa de 100 representaciones si sufrimos varios cambios emergentes de elenco (hasta yo tuve que salir del pintor en los últimos patinones; Laura me retiró la palabra por varios días) y casi perdimos hasta la camisa en la aventura (Javier puso sus tarjetas a tope y yo dejé de pagar los servicios de mi casa (luz, teléfono y gas; viví en el medievo por algunos meses). Con todo, al final siempre te quedas con una sonrisota de imbécil en la cara que no sabes explicarte, esa es la verdad.


Librándola


En las postrimerías del Séptimo Round empezamos este montaje de una obra infantil musical que no pudimos cuajar. Fue retomada al poco tiempo por Roberto y un grupo de actores que él mismo convocó. Los dirigió también alguien que no se apellidaba Malpica (ya era hora) y quedó algo bastante lindo, con buena duración y muy atractivo para los chavitos. La obra se volvió itinerante; incluso, por su temática de invitación a la lectura, fue acogida por Alfagura Infantil para la promoción de sus libros. Luego, se cerró el ciclo y la obra fue rescatada años después por Tania Ruiz y Carlos Pérez. Lograron un montaje excelente y consiguieron el milagro de la permanencia: tengo una placa de 200 representaciones que lo demuestran.


María Frankenstein


Con el coucheo de Jesús González Dávila (q.e.p.d.) escribimos el guión de esta obra que hace un homenaje a la famosa obra de Mary Shelley. Traída al tiempo actual y a la escena mexicana, propusimos una versión remasterizada de aquella lejana noche en la que nació el monstruo.
Hubo un primer intento por levantarla, dejada en manos de un director con absoluta libertad creativa. Todavía tengo pesadillas de lo que se consiguió. Fueron menos de diez funciones de una temporada llena de horrores (y no hablo tan metafóricamente que digamos). Supono que por eso nos aventamos el tiro de volverla a montar años después. Y no nos quedó tan mal, aunque taquilleramente haya sido un fiasco. Recuerdo perfecto que a Edgar Chías le gustó bastante. Pero también es cierto que hay muertos que es preferible dejar descansar en paz.


Canon


Una obra, sobre todo, divertida. Dirigida por Mariana Vega, hoy prófuga en Canadá, obtuvo varios premios, tanto de dirección como de dramaturgia. Es lo más escatológico que hemos escrito jamás (el cartel incluso era una taza de baño sobre un tablero de ajedrez). Y, como es de suponerse, también tuvo lo suyo. Un actor con fractura de hueso, por ejemplo. Recuerdo perfecto que a Iona Weissberg le disgustó bastante. Pero para nosotros representó un ejercicio escénico muy interesante: 4 personajes (que además se desdoblan en otros 4) representados sobre 4 escenarios traslapados y con acción simultánea (encimada) todo el tiempo. El efecto de la coincidencia era casi mágico, y la dirección tuvo que ser más bien coreográfica. La obra hablaba del desencanto y tenía una muy buena dosis de humor negro.


Blanco y Negro


En el 2002 tuve la suerte de ganar con esta obra el Premio Nacional de Dramaturgia Manuel Herrera, convocado por el Coneculta de Querétaro. Y fue gracias a ello que también se pudo montar, aunque allá en Querétaro y sin ningún tipo de intervención nuestra. Es una de esas obras en las que Javier y yo colaboramos pero que, al final, firma sólo uno de los dos, por el claro sello personal que impone uno sobre el otro. En este caso, fue una idea mía que Javier me ayudó a madurar. Me preocupaba, sobre todo, el posible olvido en el que caen ciertos sucesos de dolorosa y necesaria permanencia; en específico, la guerra sucia en América Latina. Blanco y Negro muestra el hipotético caso de que uno de los altos mandos de un régimen dictatorial militar caiga en manos de la guerrilla y sea obligado a enfrentar sus más profundos horrores. Incluso metafísicamente hablando. El montaje fue muy satisfactorio, digno y bastante fiel al texto, aunque efímero. (Pero... ¿no todo el teatro lo es?)


Amanteurs


En un intento por volver a nuestros orígenes hicimos... justamente eso. Amanteurs fue un retrabajo de "Jóvenes Aún", a casi diez años de distancia del primer montaje. Hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos por darle actualidad y frescura al texto pero creo que no nos quedó tan bien, honestamente. Sucumbimos a la tentación de desenterrar el cadáver porque teníamos sólo buenos recuerdos de aquella primera experiencia; supongo que con las obras viejas pasa como con los parientes muertos, sólo te acuerdas de lo buenos que eran.
Con todo, la obra llegó, en esta segunda vuelta, a las ochenta y tantas representaciones, con pocos cambios de elenco (todo un milagro en una obra de 8 actores en escena) y bastantes funciones para escuelas. No, no era una obra en torno al tema del aborto, pero es justo decir que así lo parecía, porque con eso cerraba. En realidad versaba más sobre la nostalgia de los años idos y lo malos e inexperimentados que somos, cuando jóvenes, para amar (de ahí el desafortunado título).


Ensayo de un coma


Una obra "a la Almodóvar". Esto es lo que quisimos Javier y yo plasmar en el texto, que sufrió varias transformaciones y mucho tallereo para llegar a lo que pudo al fin Edgar Álvarez concretar escénicamente en el Teatro La Capilla. 5 mujeres, tan amigas que siempre están a punto de matarse y tan enemigas que no pueden jamás abandonarse, son los personajes que conforman la obra. Es una comedia respecto a la amistad, respecto al valor de las propias decisiones, un ensayo mínimo respecto a la complicidad de la que son capaces las mujeres y de la que los hombres no podemos sino sentir envidia.


Mujer on the border


Gracias al premio Manuel Herrera pude conocer a Marta Aura en Querétaro. (Y me precio de decir que nos hicimos grandes amigos (aunque me precio aún más de decir que lo seguimos siendo)). En un desayuno me comentó que llevaba varios años actuando un monólogo que ya quería dejar descansar. ¿No tendría yo, por casualidad, algo en el cajón para ella?
Casualmente, sí. Javier y yo habíamos trabajado, tiempo atrás, una obra donde tocábamos el tema de la pena de muerte, no desde un punto de vista filosófico (¿es válido o no quitar la vida a un ser humano?) sino pragmático: el sistema de justicia estadounidense no es perfecto; y, como tal, es perfectamente posible que el Tío Sam se haya despachado a más de un inocente con su "ojo por ojo". (De hecho, así ha ocurrido).
Le envié a Marta el texto (originalmente llamado "El llanto del verdugo") y le gustó. Se puso a trabajarlo con María Muro y consiguieron llevarla a escena. Esto fue en el 2004. La obra ya va para 6 años y Marta la sigue representando donde le den cobijo, lo cual ha ocurrido en varios países de América (incluido Estados Unidos).
Curiosamente, ahorita el texto está en manos de Elpidia Carrillo, quien tiene la opción para hacerlo película. (Cross my fingers).


Vote por el León y Física y Tamales


Dos obras de teatro infantiles que escribimos con toda la intención de decir cosas importantes. "Física y Tamales" se nos ocurrió por el pretexto del 2005, el año internacional de la Física. "Vote por el león", por las elecciones presidenciales que tendrían lugar en el 2006, aunque la empezamos a trabajar desde el 2004.
Ninguna es musical pero ambas son farsas muy divertidas (al menos para los que estábamos trepados en el carro de las comedias).
Física y tamales es un sueño compartido entre Marie Curie, Albert Einstein y Erwin Schrodinger, ocasionado por un gulasch mal preparado. En el sueño aparece Isaac Newton y los pone a resolver un misterio o jamás regresarán de la inconsciencia. Al final aprendemos bastante de la naturaleza de los agujeros negros, de la teoría de la relatividad y hasta de un gato probabilístico. Una obra que, lamentablemente, nunca se presentó en Universum.
Vote por el león, por su parte, muestra el fácilmente presumible caso de que los animales de la selva ya quieran destituir a su gobernante y se animen a convocar a elecciones. Naturalmente, el déspota enmelenado no está de acuerdo y se arma la gorda en la selva. Una obra que, afortunadamente, sí se presentó varias veces en el IFE.


Papá está en la Atlántida


En esta sólo colaboré echándole la mano a Javier para que quedara redondito el texto, una idea completamente suya. Y me atrevo a incluirla en este sitio porque ha sido una obra que siento un poco mía y a la que le ha ido estupendamente bien. Ganó el premio nacional Víctor Hugo Rascón Banda, tuvo una breve temporada en Nueva York y otra en Phoenix. Se estrenó en la sala Villaurrutia. Y va por más.
Además es la historia de dos hermanos. ¿Qué más?


Crisis - Modelo para armar


La obra más reciente y acaso la que más satisfacciones nos ha dejado. De ella, dijo Olga Harmony "Un excelente ejemplo de comedia musical a la mexicana", comentario que nos llenó de alegría porque justamente fue eso lo que nos propusimos.
Con un esquema de Cooperación Voluntaria Consciente, aguantamos todo un año en el Foro Shakespeare, con buena respuesta del público y de la Crítica.
Desde la convocatoria de actores/cantantes hasta la revisión minuciosa del texto y las canciones, la obra nos costó una buena dosis de tiempo, dinero y dedicación. Ni qué decir de la promoción, que hasta en la tele acabamos haciendo desfiguros por jalar gente.
La obra, además, llegó que ni pintada junto con la crisis del 2008. Algunos hasta nos decían brujos, o que si habíamos mandado detonar la bronca hipotecaria gringa para promocionar la obra. Inocentes, señor juez. La verdad es que la obra se desarrolla en la crisis del 95 y tiene que ver más con otras crisis (de identidad, de pareja, sexual...) que con la económica.
Rafael Perrín dijo que la obra habría sido un exitazo off Broadway... claro, si hubiera sido producida off Broadway, pero satisfacciones como esas no se dan todos los días. Yo, incluso, tocaba el piano en todas las funciones y hasta me di el lujo de estrechar varias manos de gente que admiro al final de la función (Horacio Franco, por ejemplo, que también dijo de la obra que... bueno, basta de guayabazos).
Lo único malo, realmente es que... Crisis también fue tan fugaz que ya hasta se me están olvidando las canciones. ¡Help! ¡Se venden funciones!


Un día que llueva


Okey, okey, no es teatro. Pero se le parece.
Aquí el resultado maravilloso de un guión mío que mi cuate Felipe Esquivel de Chamán Animation Studio supo hacer realidad.
La verdad, pocas veces he quedado más encantado de ver personajes míos cobrar vida.

¡Enjoy!

(Ah, parte de la música también es de tu servidor)

Ahora sí... Enjoy!



...hay que galofrar
Toño Malpica