LIBROS PARA JÓVENES

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juventud, divino tesoro

Tan divina y tan tesoro esa juventud que nunca hay que dejarla ir.
Por eso digo que mis libros que entran en esta categoría son para los jóvenes de corazón, tengan la edad que tengan.
De cualquier modo, es tan difícil decir dónde termina la franja juvenil y empieza la adulta que tiendo a creer que no hay división en realidad.
Y que los jóvenes dicten lo que quieran leer. Lo cual me parece MUY BIEN.

#MásGordoElAmor


No se puede decir que el tal Antonio Malpica no lo intente.
Nuevamente ha hecho la lucha por escribir una novela romántica, completamente del tipo "Boy meets girl" y todo eso. Una comedia de esas que le gusta disfrutar en una butaca comiendo palomitas, sólo que en papel en vez de celuloide. Mucho hay de Antonio Malpica en esta historia, aunque de un modo bastante colateral. Yo crecí en Satélite, al igual que el Charro y sus amigos (pero yo no dejé ningún amor atorado en el tiempo); yo también tuve (y tengo) cómplices de ese tamaño (pero nunca practiqué apuestas que impliquen golpes contundentes en partes pudendas); yo también creo que un hombre puede ser feliz con una familia, una casa con jardín y un perro (pero todavía ando viendo lo del jardín). En fin... que fue toda una aventura esta novela, que me ha dado un montón de satisfacciones. Además -¡Al fin!- pudimos coincidir Bef y yo en un libro. Lo mejor de dos mundos.

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Adonde no conozco nada


¿La verdad absoluta? Siempre he querido escribir una novela romántica. De amor, pues. No sé si ésta quepa en tal descripción, pero me esmeré todo lo que pude. Además, confluyen otras inquietudes mías que también necesitaba sacarme de adentro lo antes posible. Una de ellas, que me fascina el personaje de Isak Dinesen en sus últimos años de vida; tanto, que sabía que algún día escribiría una historia en donde apareciera. Otra, que después de escribir Diario de guerra del coronel Mejía, sentí que aún tenía cosas que decir en torno a la violencia. Y acá las digo.
También hay dos que tres posturas en torno a la fatalidad del destino y al hecho de que nadie es totalmente normal o anormal -si existen tales definiciones-. Me esmeré tanto por hacer a Filip de carne y hueso que, en el concurso que ganó, me dijeron que al menos un jurado lamentó que no fuera testimonial la novela. Y no, nunca he estado en Rungstedlund (otro de mis pendientes).

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Al final, las palabras


Es una mezcla de “Ver pasar los patos” con #Másgordoelamor, si tal cosa es posible.
Todo inició como un ejercicio autoimpuesto: escribir apoyado en una mínima frase, un recuerdo aprisionado entre las páginas de un libro, una tonadita musical.
La frase (junto con otros recursos) la tomé de las memorias de Baltasar Dromundo del Barrio de San Miguel, una alusión a una chica cuya belleza era rayana en la perfección.
El recuerdo es un trébol de cuatro hojas que hallé al interior de un libro que rescaté de alguna librería de viejo.
La tonada es la Mazurka no.1 del Opus 30 de Chopin (la versión de Rubinstein, forzosamente).
El ejercicio, como suele ocurrirme, se me fue de las manos.
Y es esta novela que rescata personajes e incluso pasajes de "Ver pasar los patos", aunque con otra perspectiva.
Una historia enclavada en La Historia.
Justo en este día porque la novela celebra, a su modo, la amistad adolescente que nos hace liarnos a golpes sin dejar de ser amigos y el amor que intenta no amarillear a causa del tiempo o la distancia por la única razón de que está conformado de palabras.
Palabras aprisionadas en las páginas de un libro.

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Apocalipsis Island - México


Cuenta la leyenda que Vicente García, el creador de Apocalipsis Island, una saga de zombies muy exitosa en España, quiso ampliar el universo y llevarlo a tierras lejanas. Y cuenta también la leyenda que se fijó en un autor mexicano, un tal Antonio Malpica, para que escribiera el capítulo México. Y pues nada, que dicen los que saben, que tal autor, después de pensárselo un poco (no le gusta agarrar trabajos por encargo) decidió aceptar (se dio cuenta de que podía entrarle al mundo zombie dándole un toque muy personal) y que todo fue diversión a partir de ese momento y todos fueron felices para siempre, Vicente, Toño y los fiambres móviles que aparecen en la novela. Un libro en donde me dejé llevar por el humor y la posibilidad de ver una Ciudad de México arruinada no por los políticos sino por un virus con muy malos modales.




Artista del ligue


Siempre he sostenido que no hace falta haber estado en la guerra para escribir sobre ella. Ayuda, claro. Y mucho. Pero creo fervientemente que con buena investigación puedes hacer hablar en primera persona desde un santo hasta un asesino. Bien, pues todo este rollo es debido a que me interesó muchísimo poner de protagonista en algún libro mío a un "Pick Up Artist" o "Artista del ligue", es decir, un don juan empedernido. O sea, algo que yo no soy ni de lejos. Pero... honestamente... ¿quién, aunque sea en la más secreta de sus fantasías no ha querido serlo? Bien, pues aquí está. De carne y hueso (o de tinta y papel), Andrés Capellán, mi PUA personal. Una novela negra con buena parte de cómic (gracias a Richard Zela) y epígrafes de pelis románticas con la que quedé bastante contento.




Asegunes


Como parte del librito "Boleto al infierno (Viaje sencillo)", esta humilde (ja) visión personal respecto a la necesidad humana de poder enarbolar una bandera, del color y material que sea. El chiste es formar parte de un grupo, sentirte identificado, defender una causa, un ideal. Peinarte, vestirte, hablar igual que otros. Ser aceptado, pues. En fin, todo eso que da de qué hablar (o de qué escribir) cuando implica la descalificación de aquellos que no piensan como tú. Aunque todo tiene sus asegunes, claro.




Bienvenido a Lethal Maze


Alguna vez, conversando con mi amigo UCH, el hilo de la charla nos llevo a concluir, conjuntamente, que la hoy tan cantada "realidad virtual", por fuerza tiene que ser prima hermana de la locura pues, montado en ésta, te pasaría como a cualquier deschavetado que se respete: serías incapaz distinguir la realidad de la fantasía.
Esto me dio la idea de escribir algo al respecto.
Además, ya llevaba mucho tiempo lejos de la ciencia ficción, así que el texto llegó a mi vida en el momento exacto. La novela tiene elementos de las películas "El Cubo", y "Matrix", de la serie "El Mundo del Río" de Farmer y hasta pinceladas de mis amigos Bef y Mauricio-José Schwarz, aunque todo sazonado con inquietudes y pesadillas muy a la Malpica. Al final, queda este librito que me causó bastantes sobresaltos mientras lo escribía. Y la reflexión en torno al arpeggione no es casual; de pronto sí me da miedo que, en quinientos o seiscientos años, sean los insectos rastreros, y no nosotros, los verdaderos elegidos de Dios. Brrrrr.....




Billie Luna Galofrante


Probablemente mi novela más personal. Recuerdo que, cuando Laura terminó de leerla (aún en engargolado), dijo: "¿Y ahora qué vas a escribir después de esto? ¡Si aquí estás todo tú!", como si estuviera agotando mis reservas literarias al despojarme en las páginas de todas mis vestiduras (metafóricamente hablando, claro).
Lo cierto es que no estaba tan equivocada. Mucho de lo que soy aparece en esta novela: el jazz, las hadas, la ingeniería de sistemas... y el galofreo. El mentado galofreo, que no es sino el disfrutar a manos llenas, y que es de lo que se trata (o debería tratarse) todo en esta vida.
Con el gran temor de que en la editorial no la quisieran (¿una novela juvenil en donde sólo un personaje está entre los 15 y los 25 años y apénas dice una frase a lo largo de todo el libro? ("Qué buena onda")). Pero bueno. Fue aceptada y afortunadamente ya ha sido leída por varios chavos (sí, de entre 15 y 25) y creo que hasta ha gustado.
A veces pienso que si una sola persona empieza a galofrar después de leer el Billie Luna, ya cumplí como escritor. (Pero luego me acuerdo que hay que pagar el teléfono y la luz y no me la creo tanto).

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Canción sobre un niño perdido en la nieve


A veces es difícil ocultar los afectos. Y a mí me pasa mucho con cierto señor del siglo XIX que no me canso de leer y recomendar. Y bueno, ahora, hasta de homenajear. Al menos es lo que quise hacer en este libro donde recupero a los personajes de nada más y nada menos que de "Canción de Navidad" de mi admirado Charles Dickens. Tuve el tremendo atrevimiento de imaginar qué es lo que pudo haber pasado con Ebenezer Scrooge después de aquella famosa visita de los tres espectros, sólo que quince años después. Y pues este librito es el resultado, una especie de fanfic de esa historia que tanto queremos en el mundo entero. En Ediciones El Naranjo hicieron un trabajo de edición tan hermoso que se te estruja el corazón. Las ilustraciones de Sara Quijano, para empezar, son maravillosas, pero además el libro como objeto es una gozada, esquinas redondeadas y toda la cosa. Un buen regalo para la próxima navidad, si me permiten la sugerencia.

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El lápiz de labios del señor presidente


Al modo de "El halcón maltés", quise crear una novela donde también estuviera involucrado un objeto misterioso. Pero qué va de un halcón a un lápiz de labios. Y qué va de un rudo detective californiano a un viejito ideático y achacoso. Con todo, perritos de ojos tristes y chilindrinas de por medio, creo que el buen Maré no lo hizo tan mal, después de todo. ("¡Quién lo viera, señor Maré!") Sólo espero que a O. Henry, donde quiera que esté, no le hagan mucha roncha mis licencias literarias. La verdad sea dicha: no sé separar -todavía- la novela negra del humor negro. Creo que todos los que escribimos novela policiaca nos debemos -aunque sea un poco- a "El complot mongol".


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El nombre de Cuautla


Morelos. Pocos personajes de nuestra Historia me fascinan tanto. Un gran estratega de un gran corazón, de esos que casi no se encuentran en las conflagraciones armadas, tan llenas de oportunistas. Y claro, el pasaje sobre el sitio de Cuautla que leí en algún momento en el libro de Alfonso Teja Zabre. Esos dos elementos fueron los responsables de que me aventara a escribir esta novela.
Me dí cuenta de que la historia del sitio estaba siendo desperdiciada, que era de una fuerza dramática impresionante y que pocos la habían explotado. No digo que yo le haya sacado todo el jugo al suceso, pero sí hice mi mejor lucha (a la manera de los insurgentes, quiero creer). Mi intención era mostrar el rostro oculto de Morelos, de Galeana, de Matamoros, de los Bravo, de Narciso Mendoza, personas todas de carne y hueso, con virtudes y defectos, y no las que posan con rostro férreo en los billetes y los museos.
Con todo, hay que decir que, cuando se escribe novela histórica, nunca estás completamente seguro de nada, por mucho que hayas investigado. Por eso, todo mi trabajo lo baso en una frase de José Bergamín, que leí por vez primera en la estupenda novela de Jorge F. Hernández, "La emperatriz de Lavapiés" y que dice:

El historiador, si no es poeta, miente hasta cuando dice la verdad: pero si es poeta -si sabe decir, escribir para que se lea, para hacer legendario lo que pasa-dice la verdad aunque mienta...

Y sí, hay mucho de alter ego en Bruno Bellini, porque creo que en algún momento de mi vida fui un mimado trompetista. Ahora, por el contrario, quiero creer que me enlistaría con el cura de Carácuaro sin pensarlo ni un instante.

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FRANKIE


Una travesura en toda forma, lo confieso. Me atrevía a narrar de nueva cuenta (después me enteré que se le llama "retelling") la emblemática historia del terror gótico, nada menos que el Frankenstein de Mary W. Shelley... sólo que esta vez en tono de broma.
Tratando de mantener una reverencial distancia con la obra original (pero a la vez, sin perderla de vista), siempre con el cariño y el respeto que implica un ejercicio como éste... Víctor Frankenstein aparece con nuevos bríos en este libro. Al igual que Elizabeth, Henry Clerval, Justine Moritz... y, desde luego, la Criatura (aunque aquí se llama Otto y es incapaz de comer cualquier cosa que haya tenido amigos mientras vivía). Sí. Todos. Walton también. Todos. Pero con cierto matiz humorístico que, bueno, después de 200 años del libro original, me pareció que sería como sacarlos a dar una vuelta a comer una buena nieve de limón. O tal vez unos suculentos panqueques. Las ilustraciones corren a cuenta de Rubén Darío Rodríguez y son, la verdad, inmejorables.
Una pequeña cana al aire en tiempos en los que, estoy seguro, es necesario reír un poco más.


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Hacked By Conejo


Tal vez por mi (de)formación profesional es que me nació escribir este texto. "Conejo" es el nick de Guillermo Olivar (no lo divulges, pls), un joven hacker de sombrero blanco. Novela negra con todos los ingredientes que me gusta ver en un libro de dicho color (misterio, crimen, peligro) además contiene el ingrediente del hacking, que no deja de ser atractivo para nosotros, la gente común, acaso porque algo hay de heroico en aquellos que pueden entrar a un castillo a pintarle bigotes a los retratos sin que nadie se dé cuenta. Con todo, estoy seguro de que la semilla la plantó una película que, de joven, debo haber visto docenas de veces: War games. Eso y la leyenda de Kevin Mitnick, probablemente. En fin, que si tú, el que lee esto, eres un hacker (o peor, un cracker), no lo tomes personal y mejor dirige tus cañones hacia otras páginas web, no hay que ser. Lo mío es tan inofensivo como la ficción más pura.

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Imagina que no hay cielo


Una historia pensada con toda la intención de poner un poco más de humor en el mundo. ¿Se han puesto a pensar cuán difícil es dar, a veces, con un libro cuya principal intención sea la de hacerte reír? Pues yo sí. Y bueno, tratando de llenar un poco el hueco, se me ocurrió esta historia de unos hermanos que se confabulan para estafar, nada más y nada menos, que a su devota y autoritaria madre, a quien tienen de no ver ya sus buenos años. Pensé una premisa un poco... no, la verdad es que un mucho... disparatada y de ahí partí para crear esta comedia de situaciones un poco... bueno, no, rectificaré otra vez... bastante irreverente. Igual no hay que espantarse demasiado, no todo es pastelazo al interior de este libro. También tiene su buena dosis de drama. Al final, creo poder decir, sin mucho miedo a equivocarme, que lo pueden disfrutar incluso aquellas personas que tienen la fe intacta. Al menos mi mamá no me desheredó por escribirlo, y eso ya es, por decir lo menos, un gran, gran alivio.

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La máquina


Un libro que inició como un divertimento y terminó convirtiéndose casi casi en un postulado literario. (¿En qué?) Bueno... a lo mejor tampoco es para tanto. Lo cierto es que quise, al interior de este libro, dejar en claro que la fantasía bien puede tomar el control y arrasar por completo con lo que tenga que arrasar, al modo de los huracanes, que de gentiles no tienen nada. Literariamente hablando, claro. Es uno de los textos que más he disfrutado porque apelan a la complicidad total del lector. ¿Hasta dónde es válido creer en los milagros mientras te encuentras en un viaje acotado por dos portadas? ¿Eres en verdad capaz de dejarte llevar y aplaudir para impedir la muerte de un hada o te obligarás a ti mismo a despertar para no tener que confrontar aquello que escapa de toda explicación razonable? (Uhh...) Bien, pues algo así es lo que quise plasmar en La máquina. Y es, al igual que Billie Luna, uno de mis trabajos más personales.

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Mal tiempo


Es este mi primer y único (por lo pronto) libro de cuentos juvenil. Y digo esto porque, aunque he estado antes en antologías al lado de otros autores, en este aparecen sólo cuentos míos (qué nervios). Pero bueno, en realidad siguen un solo eje temático y por eso no fue tan difícil ensamblarlos.
(Las anteriores líneas han sido copiadas arteramente del texto que acompaña a mi primer y único (por lo pronto) libro de cuentos infantil ("Retratos de una ciudad"). Disculparán el refrito, pero es que el texto se ajusta perfectamente también a este libro).
Me esmeré mucho, honestamente, en que los cuentos fueran disímiles entre sí en varios aspectos. Y símiles en uno solo: el Tiempo, ese eje temático del que hablo en las líneas previas. El Tiempo como sustancia, como pretexto, como dimensión. Hay narración en primera, segunda y tercera persona. Hay personajes chicos, medianos y grandes. Hay guiños a textos clásicos y homenajes a autores que admiro mucho.
Con las geniales ilustraciones de Santiago Solís que por sí solas ya cuentan una historia. En fin. Mi primer libro en la UNAM. Y sí, el sólo decir esto me hace sentir aaaancho. Y con ganas de echarme una Goya.

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No nos extrañará el sistema


Esta es una novela del futuro que viene del pasado. Como lo lees. Hace ya algún tiempo (para ser precisos, en el 2004) el que esto escribe ganó el último concurso MECYF, auspiciado por Editorial Vid. Una lástima porque de ahí salieron novelas tan buenas como "La ruta del hielo y la sal" de José Luis Zárate. El caso es que el que esto escribe y que además aniquiló al premio, concursó y ganó con un manuscrito que estuvo diez años buscando editor gracias a una serie de eventos desafortunados (por ejemplo, falleció el entonces editor de Vid). Entre mi indolencia y la falta de interés de muchas casas editoriales por publicar Ciencia Ficción, estuve a punto de claudicar hasta que SM le apostó al texto. El resultado es este libro que todavía, cuando lo leo, me rompe el corazón porque nada nos asegura, en esta contrastante ciudad de México, que no vayamos en esa dirección.

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Objetivo Miedo


Novela de terror que me ayudó a pelear con otro tipo de demonios muy distintos a aquellos que enfrenta mi querido Sergio Mendhoza.
La verdad, siempre me ha preocupado el terror que no tiene nada que ver con el de la literatura: aquel que puebla la nota roja en los periódicos alarmistas y que evidencia las atrocidades de las que son capaces los seres humanos. Si somos muy sinceros, esta novela es una especie de exorcismo para mí en ese sentido. Es mi forma de confrontar los horrores lúdicos (fantásticos) y los abominables (reales), de tal suerte que podamos comprender que los vampiros, paradójicamente, son menos monstruosos que ciertos tipo de individuos.

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Polvo


Creo que con esta novela confirmo que, dentro de la ciencia ficción, me siento más a gusto con las distopías que con cualquier otra forma de especulación. La semilla de esta obra está en una simple pero inquietante pregunta: ¿Y si nos despojaran de todo nuestro bagaje cultural, como seres humanos, seríamos los mismos o sólo una raza gris y mecánica condenada a existir sin dejar huella? En Gabaón no existe la música, no existen los colores, no existen los aromas. El lenguaje es vivo, pero la memoria no tanto, pues no existe modo de plasmarla en ningún lado. No hay escritura. No hay libros. Los seres humanos trabajan como esclavos en túneles subterráneos que no les conceden otra luz que no sea la artificial. Pero se tienen a sí mismos. ¿Eso basta para preservar su humanidad? ¿La felicidad es alcanzable? ¿La gente puede sonreír genuinamente pese a no conocer la luz del sol, el sabor de las frutas o las nota de una canción cualquiera?
Con esta novela quise plantear una espantosa posibilidad que, sin embargo, no carece de esperanza. (Porque (OJO con esta primicia) no todo termina en la última página).
Es este un libro gracias a cuyo tema, formato e ilustraciones (magistrales a cargo del incomparable Francesc Grimalt) se ha vuelto único en mi literatura.

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Primer Plano


Cierto que ésta es una novela que escribí por la necesidad de levantar la voz ante varios problemas urgentes de nuestra sociedad, pero creo que el principal móvil que seguí fue el de escribir una historia de ajuste de cuentas en el más puro sentido de dicha frase, aquel que busca conseguir justicia, inclinar la balanza hacia el lado correcto, enmendar las cosas. No fue una novela fácil y creo que su mayor virtud es que la construí como un thriller que ha podido atrapar lectores desde la primera página, pero es el sosegado ritmo que adquiere en los últimos capítulos aquel en el que pongo toda mi apuesta. Ahí donde la voz del narrador incita a la pregunta y a la reflexión. Un libro sobre el tiempo y lo que opera en nosotros, todos, pero principalmente en aquellos que están dejando la niñez atrás. Cósima Nardis, por cierto, es uno de los personajes de los que más me costó desprenderme, uno de esos hijos de tinta que quisieras pudieran saltar de la página para poder abrazarlos con todas tus fuerzas.

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Uf, ¿y para qué votar?


Nada, que fui invitado, merced al proceso electoral previo al primero de julio del 2018, a dar mi visión en torno a esa palabrita que tanto suena en la radio, en la tele, en el internet y en todos lados cuando hay elecciones en puerta: democracia. Puesto que la invitación fue abierta y muy libre y muy campechana, me dejé ir con una especie de ensayo/testimonio/reflexión/tlacoyo_con_harta_salsita en donde expongo la utilidad de la votación en todos los ámbitos posibles, desde la sala de tu casa hasta las urnas para elegir presidente. La compañía, inmejorable: Benito Taibo, Rosa Beltrán y Jorge Vargas. Ellos sí que lo hicieron bien y sí que vale la pena leerlos. En todo caso, el libro es gratis, por si a alguien se le antoja: Aquí mero en Google Books, pero también está en Amazon y iBooks.




Ulises 2300


Mi primer premio de a de veras. ¡Cómo me sacó de broncas mi querido Ulises Bernal! Laura y yo habíamos puesto un café en la colonia del Valle usando todos nuestros ahorros y endeudándonos hasta el cuello. Me puse a escribir con la esperanza de que las andanzas de Ulises nos sacaran del pantano. Y así fue. Mi querido muchacho y su salida con el caballo de reina nos sacaron de ese jaque. Esta también me ayudó a escribirla UCH, que lo sabe casi todo en materia de ajedrez. Yo sólo puse al niño genio. Y la época, rica en mi memoria. Aunque en realidad quería escribir una historia de amor juvenil con alguna singularidad simpática, al final quedó una aventura semi épica de hallazgos y crecimientos. Ulises sigue siendo de los personajes que más me gusta que se me aparezcan en sueños.
Por cierto, soy malisisisisísimo en el juego ciencia. No le gano a la computadora ni en el nivel "Chimpancé".

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Un juguete para Justine


Mi queridísimo carnal Bef estaba preparando una antología de los 25 años de la ciencia ficción mexicana y yo, que soy ajonjolí de todos los moles y un pegote de lo peor, me colé a la fiesta gracias a su generosísima oferta de que escribiera algo ipso facto si no quería quedarme como el chinito, afuera en el frío. Y este es el resultado. El cuentito está dedicado a mi otro carnal en la CF, Mauricio-José Schwarz, pionero en estos menesteres (él inaugura la antología, para que te des un quemón) y, por supuesto, por el título te darás cuenta que es, en realidad, Robert Bloch travestido. Un scherzo muy personal.




Una tribu


Ya he dicho hasta el hartazgo que, más que escritor, me considero un contador de historias. Algunas propias y otras no tanto. Hay historias, por ejemplo, que ya están escritas (al menos por el dedo de La Historia (las mayúsculas reverenciales son adrede)) y que yo sólamente me esmero por contar, porque me parece que es necesario que se conozcan. Así me pasó con la historia de la tribu de los Yosemite cuando di con ella. Una tribu que tal vez no hizo gran mella en el mundo (pues prácticamente su paso por éste fue casi como la de un fantasma, gentil, inocua, efímera) pero cuya filosofía de vida me pareció digna de ser rescatada. Aquí habla Petirrojo, el segundo hijo del Gran Jefe Tenaya, de hechos que en verdad ocurrieron; al menos los referentes a la tribu, que son los registrados por los anales de la Historia. La voz del narrador y lo que vive y siente y aquello a lo que se atreve son totalmente míos, pero creo que empatan bien con el espíritu de los indios norteamericanos que quise retratar. Un libro, además, de una factura impecable. Las proezas, por cierto, de los alpinistas mencionados, son también enteramente ciertas.

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Vuelta a casa


Una novela que intenta rescatar el sentimiendo de igualdad al que aspiraba José María Morelos. Enmarcada por la guerra de castas contiene elementos mayas que pude recuperar de un par de estancias en Felipe Carrillo Puerto.
Creo que, si soy completamente sincero, este libro se debe al cariño que le tomé al México Profundo con el que tuve contacto cuando, en compañía de mi hermano Javier, di unos cursos de radiodrama en diversas comunidades del país. Aquí hay aluxes, ceibos, faisán y venado pero, sobre todo, hay esa sencilla dignidad con que los indios de este país viven y que, a la fecha, me causa tanto asombro y también, ¿por qué no? bastante envidia.

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