LIBROS PARA GRANDES
Literatura sin adjetivos
¡Como si la Literatura infantil y juvenil no fuera literatura!
Pero bueno, si no nos ponemos intensotes, la verdad es que sí hay textos que de plano no se pueden acomodar en la LIJ.
Y qué bueno, porque iniciar a un chico en la lectura con "El sonido y la furia" no parece muy recomendable.
Todo esto para decir que yo también, a veces, escribo textos (pocos) que de plano no entran en la LIJ. O eso parece. Y son estos.

Apostar el resto
Acaso la novela para adultos a la que le tengo más cariño. Quería escribir una novela negra en la que los protagonistas estuvieran del lado de los malos y, pese a ello, no resultaran antipáticos. Saqué de la chistera un trío de nacidos para perder que, al menos a mí, me encantó haber pincelado. Una banda de falsificadores que se enganchan en el crimen y que, un día, deciden que si no se salen van a terminar mal. De todos modos terminan mal, claro, pero la lucha que hacen es digna de varias páginas de narrativa, que es de lo que se trata el libraco. Me gustó, sobre todo, el hallazgo que hice de la fuerza de la complicidad, que a ciertos niveles incluso supera a la amistad. El Fantomas, el Marrano y el Petipá también se me aparecen con frecuencia en sueños. Y me encanta perder al pókar con ellos.

El círculo
Una historia dentro de la Historia. Con todo lo que me alebresta el insomnio escribir novela histórica, quise escribir ésta porque se me antojaba algo policiaco con ciertos tintes góticos. La mejor salida que se me ocurrió fue ubicar el crimen en 1870, plena ciudad de México, cierto periodo de engañosa calma entre el fin del segundo imperio y el porfiriato. Al final resultó en un libro que cuidamos entre varios, incluyendo una amiga historiadora y, por supuesto, los tremendos editores de Planeta (pasta con relieve y toda la cosa). Hay música (mucha), inquietudes filosóficas (¿existe la bondad en el mundo?), amistad a prueba de balas y amor del bueno, todo al interior de este texto que escribí gracias al SNCA y que me permitió volver, después de varios años, al género negro. Como casi todos mis textos para grandes, emprendió su propia cruzada a través del mundo editorial para encontrar, al fin, su lugar en el mundo. Queda, pues, para la Historia.

El Crítico
Aunque apareció primero en una antología compilada por Rodolfo J.M., "Negras Intenciones", ahora está en la colección "Vientos del Pueblo" del Fondo de Cultura Económica. Un cuento irreverente y medio pasado de lanza. ¿Has oido la frase "destrozado por la crítica"? Sí, la que suele ser usada cuando alguno de esos supraterrenos y angélicos seres, mejor conocidos como críticos, pone del asco la obra de algún mortal autor en sus reseñas. Pues bueno, por ahí va la cosa. ¿Qué tal que uno de estos críticos en verdad despedazara a los autores que, según su imparcial juicio, fueran verdaderamente malos? ¿Qué tal que ningún autor, por laureado que fuese, estuviera a salvo de su aplastante crítica? ¡A temblar, eméritos colegas...! En resumen, un divertimento que además está muy al alcance del bolsillo (cuesta menos que una torta) y de la mano lectora (en cualquier librería del Fondo te lo topas). Con tremendos dibujos del Monero Hernández.

El impostor
Pensé en un escenario apocalíptico (oh, qué tipo tan original), en donde la ciudad quedara completamente devastada. Y sólo unos cuantos sobrevivieran. Algo como lo que sugieren algunos optimistas que va a pasar si no estornudamos tapándonos la cara con el antebrazo. Pero, como todo lo que hago al pulsar teclas, la disfruté mucho y creo que es mi novela de ciencia ficción mejor lograda. (Y la única publicada, o sea que tampoco es mucho decir).
Lo mejor es que con esta me bauticé. Fue la primera novela mía que vi en papel (salió casi a la par que Las mejores alas). La recibió Bernardo Ruiz, gran amigo mío, en su editorial (Plan C Editores) y la apadrinaron más amigos míos: Alberto Chimal y Memo Vega. En el 2002 ganó el hoy extinto Premio Sizigias a la mejor novela de CF mexicana.

La lágrima del Buda
Originalmente se llamaba "Nadie escribe como Herbert Quain". Y también es un retrato de nacidos para perder, ahora sí con una investigación detectivesca más en forma (y un halcón maltés de por medio, que en este caso está representado por una joya valiosísima), o sea, Hammet con chiles toreados. Desde luego, creo que el principal valor de la novela es la estructura, aunque los personajes también me gustan bastante. Se suponía que debía salir en Planeta, igual que Apostar el resto, pero se hizo un merequetengue entre editoriales (digno de otra novela negra), que al final fue un auténtico milagro que por lo menos haya llegado a las estanterías de Educal, primero, y a las librerías de todos lados bajo el sello de Océano Exprés, después. (Gracias Rogelio Villarreal por ese último espaldarazo).
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La maldita novela
A decir verdad, es este un texto que escribí desde lo más profundo de mi corazón lector. Sé que suena muy azotada la frase, pero es igualmente honesta. ¿Quién, que se diga lector, no cerró alguna vez un libro sintiéndose cambiado por éste? ¿Pleno de gratitud? ¿Con deseos de compartirlo con el mundo entero? En esta novela exploro esa posibilidad: la de ser completamente avasallado por la belleza de un texto literario. Estamos tan acostumbrados a la belleza visual o auditiva, que olvidamos aquella que hiere más profundamente nuestro espíritu: la que nos doblega como un mero concepto, una idea. Esa que llegó a nosotros a través de la razón, invadiendo nuestros pensamientos, pero echó raíces y anidó en nuestros sentimientos. PS, un crítico literario, lee casi por obligación un texto de autor anónimo que resulta la mejor novela jamás escrita. Esto lo conduce a una obsesiva persecución por conocer al escritor responsable y poner al alcance del mundo un libro tan asombroso. Todo lo que dicha búsqueda implica lleva a PS a ser igualmente transformado como persona y a amar y odiar por partes iguales la novela. (Exactamente como pasa, en ocasiones, con la literatura.) Como dije, un texto muy personal y muy sacado de mi azotado corazón lector.

La nena y el mar
Me propuse el reto de contar una historia que transcurriera en una sola noche. Lo hice. Ganó un premio en Chiapas. Y su estadía en la constelación literaria fue también como de una noche. Minutos más, minutos menos.

Los elementos del jazz
En realidad, un pretexto para contar una historia negra, con balazos y todo, en la que el principal protagonista fuera un niño que pierde la inocencia. Cada capítulo es uno de los elementos del jazz (fraseo, improvisación, etc.), de ahí el nombre. Y tampoco alcanzó una mínima pena o una mínima gloria. (Yo mismo no pude hacerme más que de unos diez ejemplares).

Semana holandesa
Es esta mi última (y tal vez más cruda) novela negra, un género en el que me he sentido muy a gusto desde mis inicios como escritor. Aunque es verdad que siempre he preferido salpicar mis historias noir con humor del mismo matiz, en esta no hay ni una pizca de comedia. Nada que ver con "La lágrima del Buda" o "Apostar el resto", para ser sincero. Aquí puro y total drama con tonos esencialmente trágicos. En este libro la pérdida de ilusiones de los personajes principales los lleva a cometer actos de verdadera infamia. Su desencanto los conduce poco a poco a una decadencia moral que me costó trabajo plasmar pero que, en el fondo, lleva su buena carga de reflexión filosófica. (O algo así, quiero creer). Como sea, la complejidad de dichos caracteres me permite decir que no los he construido con menos ganas y tampoco los he querido menos que a otros, sólo que para éstos la redención escapa de los límites de la propia historia. Un texto, en resumen, duro pero no con menos corazón que otros míos. (Y sí, con bastantes balazos también).