Un cuarto de siglo en la LIJ

Este mes cumplo 25 años de haber empezado a escribir LIJ. En más de una ocasión he contado que para mí fue como encontrar mi lugar en el mundo. Y por eso no he dejado de escribir para niños y jóvenes por los últimos cinco lustros de mi vida.

Con todo, es verdad que no soy el mismo Toño Malpica que aquel que terminó la escritura de su primera novela infantil a finales de noviembre del año 2000.

He descubierto muchas cosas en este viaje. Y me he imaginado a mí mismo contándole tales cosas a aquel Toño Malpica de hace dos décadas y media.

No son verdades absolutas ni mucho menos. Pero sí hallazgos que quise plasmar aquí, por si le sirven a algún colega que (como yo, hace un cuarto de siglo, lleno de miedo pero también de ilusiones…) apenas esté comenzando.

25 años, 25 hallazgos

En torno a la Literatura Infantil y Juvenil

  1. Escribir para niños y jóvenes es un trabajo noble, gratificante y divertido.  Vale la pena dedicarle la vida. Cualquier trabajo que te pague por escribir sobre un extraterrestre miniatura que se mete a la oreja de un niño o sobre una abuelita fantasma tiene que ser el mejor trabajo del mundo (o acercársele mucho).
  2. No hay fórmula exacta ni receta precisa para escribir literatura infantil y juvenil. Tu libro más guapo puede ser un fracaso y tu libro más despeinado un éxito. Y la razón sigue siendo un misterio.
  3. La LIJ la hacen sus lectores. Si tu libro lo adoptan los niños y/o jóvenes, es LIJ; si no, es otra cosa (a lo mejor hasta más digna del nobel, pero LIJ… no).
  4. Los niños son los mejores lectores del mundo. Luego, le siguen los jóvenes muy de cerca. ¿Qué otro tipo de lector te pide un abrazo en una firma de libros? Pues ahí lo tienes.
  5. Aunque puedes hacerlo, no eludas a tus lectores. Si para ellos es importante conocerte, para ti también debe serlo. Las visitas a escuelas dan miedo al principio, pero después son todo un agasajo.
  6. Escribir LIJ es tan difícil como aventarse en resbaladilla. Y tan fácil como atinar cien veces al balero. (Medita un poco sobre esto y luego olvídalo para siempre).
  7. La LIJ está llena de gente buena onda. Editores, promotores, ilustradores, distribuidores, lectores… es un raro fenómeno de la naturaleza, pero completamente cierto. Y verificable.
  8. No. No hay fórmula para escribir LIJ, pero he aquí algo que ayuda bastante: que siempre te importe mucho lo que estás escribiendo (nunca escribas por ocurrencia o por artificio).
  9. Un solo lector satisfecho basta para saber si un libro valió la pena. A veces es el tímido niño de la última fila o un mensaje chiquito en redes, pero son veredictos que se sienten como un auditorio aplaudiendo de pie. Y se vale alegrarse por ellos.
  10. Si no amas a tus personajes, los demás tampoco lo harán. (Y esto incluye a los villanos).
  11. Si no te encanta tu historia, a tus lectores tampoco les encantará. (Y esto incluye el cuento más minúsculo).
  12. Está bien sacar una grosería de un libro de vez en cuando (para no espantar a los adultos), pero no cambiar el sentido ni la intención de la historia. (Igual está bien cambiar de editorial si es el caso).
  13. No hay que tener miedo de la fantasía. Siempre vale la pena preguntarse si la historia funcionará mejor con un vampiro en el clóset o un florero que hable.
  14. Las ilustraciones NUNCA están de más. No importa la “edad lectora” del libro. La mano de un artista en un libro tuyo (gordo o flaco, infantil o juvenil), siempre es digna de celebrarse.
  15. Escribir LIJ implica la responsabilidad de hablarle directamente a chicos en formación. Siempre escucha el consejo de los que saben de pedagogía y esas cosas. (Y que no te dé pena admitir tu ignorancia (como en mi caso)).
  16. Todo libro es perfectible. Todo. Ponte en manos de editores con los que te sientas a gusto y conectado.
  17. Los libros de LIJ no compiten entre sí. Por el contrario, un libro promueve indirectamente a otro libro, así sea de otro autor, otra editorial u otro fandom. Los lectores lo saben y lo celebran. (Sólo quisieran tener el dinero suficiente para leerlo todo).
  18. El gusto de cada lector es muuuy personal y respetable. Un niño puede amar tu libro, su hermano gemelo odiarlo, y al final todo está bien. (Incluso tú. Y tu libro.)
  19. Lo mejor de escribir LIJ está en la creación. Aunque ganar premios o ser invitado a ferias se siente bien, la mayor felicidad de la LIJ está en la intimidad de tu estudio. Nunca pierdas eso y siempre lo tendrás todo.
  20. En la escritura de LIJ hay que evitar imponerse todo tipo de restricciones. Ni en los temas, ni en el lenguaje, ni en nada. Que éstas vengan después, en el diálogo con el editor. (Por eso, de preferencia, nunca publiques sin que un editor te acompañe en el proceso).
  21. No existe el niño interior a la hora de inventar historias. Eso es un mito. Mejor recurre al adulto que no tiene miedo de saltar en los charcos o de hablar con el perro del vecino. (Ese mismo señor o señora que pretendes que firme el libro).
  22. Nunca pongas un libro en el mundo del que no te sientas (aunque sea) mínimamente orgulloso. Nunca. Jamás. En la vida.
  23. No olvides que escribir para niños y jóvenes significa escribir historias que amen tus lectores y, a pesar de todo, no ser reconocido por ellos. Pueden recordar la aventura, no siempre el título. Muy pocas veces al autor. Pero al final todo está bien. (Incluso tú. Y tu libro.)
  24. Y tampoco olvides que decir que escribes para niños y jóvenes en realidad es rendirse a una etiqueta. Lo que haces es escribir y ya. Pero con más posibilidades de ser disfrutado por muchos públicos. Públicos que, al final, quizás se animen más a pedirte un abrazo en la firma de libros.
  25. Escribir LIJ es un buen modo de intentar cambiar el mundo. Y vale la pena dedicarle la vida.